Siguiendo
con las metáforas marinas, que ya son una constante en este blog, debo decir
que en lo referente al español con fines de específicos me encontraba un poco
pez. Como profesora, todavía no he impartido ningún curso de EFE, por lo que
este seminario me resultó de gran utilidad para esclarecer algunos conceptos y
reflexionar sobre el tema.
En
primer lugar, considero esencial para mi actuación docente elaborar un análisis
de necesidades del curso. Esta es la base de la pirámide, los cimientos de una
casa que difícilmente se construirá si estos no son sólidos. Si tengo claros
cuáles son los objetivos de mis alumnos, por qué realizan ese curso, qué
necesitan o desean conseguir etc. todo lo demás resultará mucho más fácil de poner
en práctica posteriormente.
Ya
lo dijo Abraham Maslow, quien además de elaborar su pirámide sobre la jerarquía
de las necesidades humanas, afirmó lo siguiente:
"El estudio de la
motivación debe ser, en parte, el estudio de los fines, de los deseos o de las
necesidades últimas del ser humano." - Abraham Maslow
Adaptándolo
al campo que nos concierne -y antes de que me vaya por los cerros de Úbeda y me
ponga demasiado filosófica- lo que los profesores debemos averiguar es qué motivación
personal o profesional tiene el alumno, qué técnicas de aprendizaje posee, cómo
le gusta más aprender, cuál es su bagaje cultural y profesional y, en resumen,
obtener la mayor cantidad posible de datos sobre el mismo. Aquí juega un papel
ineludible el contexto en el que vaya a utilizar la lengua.
El
objetivo está claro, pero, ¿cómo conseguimos esto? Lo ideal es combinar varios
métodos, ya que todos tienen sus ventajas e inconvenientes. Mediante
cuestionarios de sensibilización, entrevistas, observación directa y recogida
de materiales auténticos podremos conocer estas necesidades y, sobre todo,
delimitar las destrezas que el alumno necesita desarrollar (hablar, escuchar,
escribir...).
Como
es de esperar, el léxico es normalmente el protagonista de este tipo de cursos.
Debemos conocer el lenguaje de especialidad que nos concierna, así como las
tipologías textuales de las que vamos a hacer uso. La pragmática no puede dejarse
de lado, por lo que las unidades léxicas deben encontrarse dentro de un texto
relacionadas con su contexto.
Otra
de las ideas clave que adquirí tras el seminario es la afirmación de que no se
necesita ser un experto para impartir un curso de EFE. Por descontado, el
profesor debe poseer ciertos conocimientos básicos, pero no hay que olvidar que
se trata de un curso de lengua, no de una clase magistral sobre ingeniería
mecánica, neurociencias o las finanzas. Nuestro cometido es facilitarles las herramientas
necesarias, dotarles de estrategias orientadas a la búsqueda de recursos y
motivarles. (Qué bien suena esto de motivarles y qué difícil resulta a veces de
conseguir). De
acuerdo a todo esto, tenemos que redactar el sílabo del curso, donde
incluiremos la programación, los objetivos, horas del curso, equipamiento,
evaluación etc.
Me
gustaría acabar como he empezado y hacer otra vez hincapié en la necesidad de
conocer las necesidades de nuestros alumnos -valga la redundancia escrita a
propósito, puesto que la necesidad de los estudiantes se convierte en la
nuestra-. Hoy en día, los profesores contamos con un gran número de de
manuales, diccionarios y otros materiales especializados y toda esa cantidad de
materiales puede convertirse en un arma de doble filo; a veces hay tanto y tan
variado que nos sentimos confundidos, desbordados y sin saber por dónde tirar.
Por ello, es tan esencial conocer las necesidades del grupo concreto al que nos
vamos a enfrentar.

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