lunes, 31 de marzo de 2014

Seminario 5: El español con fines específicos



Siguiendo con las metáforas marinas, que ya son una constante en este blog, debo decir que en lo referente al español con fines de específicos me encontraba un poco pez. Como profesora, todavía no he impartido ningún curso de EFE, por lo que este seminario me resultó de gran utilidad para esclarecer algunos conceptos y reflexionar sobre el tema.

En primer lugar, considero esencial para mi actuación docente elaborar un análisis de necesidades del curso. Esta es la base de la pirámide, los cimientos de una casa que difícilmente se construirá si estos no son sólidos. Si tengo claros cuáles son los objetivos de mis alumnos, por qué realizan ese curso, qué necesitan o desean conseguir etc. todo lo demás resultará mucho más fácil de poner en práctica posteriormente.

Ya lo dijo Abraham Maslow, quien además de elaborar su pirámide sobre la jerarquía de las necesidades humanas, afirmó lo siguiente:

"El estudio de la motivación debe ser, en parte, el estudio de los fines, de los deseos o de las necesidades últimas del ser humano." - Abraham Maslow

Adaptándolo al campo que nos concierne -y antes de que me vaya por los cerros de Úbeda y me ponga demasiado filosófica- lo que los profesores debemos averiguar es qué motivación personal o profesional tiene el alumno, qué técnicas de aprendizaje posee, cómo le gusta más aprender, cuál es su bagaje cultural y profesional y, en resumen, obtener la mayor cantidad posible de datos sobre el mismo. Aquí juega un papel ineludible el contexto en el que vaya a utilizar la lengua.

El objetivo está claro, pero, ¿cómo conseguimos esto? Lo ideal es combinar varios métodos, ya que todos tienen sus ventajas e inconvenientes. Mediante cuestionarios de sensibilización, entrevistas, observación directa y recogida de materiales auténticos podremos conocer estas necesidades y, sobre todo, delimitar las destrezas que el alumno necesita desarrollar (hablar, escuchar, escribir...).

Como es de esperar, el léxico es normalmente el protagonista de este tipo de cursos. Debemos conocer el lenguaje de especialidad que nos concierna, así como las tipologías textuales de las que vamos a hacer uso. La pragmática no puede dejarse de lado, por lo que las unidades léxicas deben encontrarse dentro de un texto relacionadas con su contexto.

Otra de las ideas clave que adquirí tras el seminario es la afirmación de que no se necesita ser un experto para impartir un curso de EFE. Por descontado, el profesor debe poseer ciertos conocimientos básicos, pero no hay que olvidar que se trata de un curso de lengua, no de una clase magistral sobre ingeniería mecánica, neurociencias o las finanzas. Nuestro cometido es facilitarles las herramientas necesarias, dotarles de estrategias orientadas a la búsqueda de recursos y motivarles. (Qué bien suena esto de motivarles y qué difícil resulta a veces de conseguir). De acuerdo a todo esto, tenemos que redactar el sílabo del curso, donde incluiremos la programación, los objetivos, horas del curso, equipamiento, evaluación etc.


Me gustaría acabar como he empezado y hacer otra vez hincapié en la necesidad de conocer las necesidades de nuestros alumnos -valga la redundancia escrita a propósito, puesto que la necesidad de los estudiantes se convierte en la nuestra-. Hoy en día, los profesores contamos con un gran número de de manuales, diccionarios y otros materiales especializados y toda esa cantidad de materiales puede convertirse en un arma de doble filo; a veces hay tanto y tan variado que nos sentimos confundidos, desbordados y sin saber por dónde tirar. Por ello, es tan esencial conocer las necesidades del grupo concreto al que nos vamos a enfrentar.

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